| A CONTRA-REVOLUÇÃO BUROCRÁTICA A LESTE |
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| Escrito por Catherine Samary |
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O período 1989/1991 – da queda do muro de Berlim à dissolução da URSS e do Pacto de Varsóvia - marca o começo de uma viragem histórica: o de uma mudança de sistema nos países da Europa de Leste e na URSS.
Texto de Catherine Samary, dirigente da IVª Internacional, publicado na revista Viento Sur (em castelhano) Las medidas introducidas se distinguen radicalmente de las tentativas de reformas del antiguo sistema que jalonaron su historia desde los años 50 hasta la Perestroika de Gobatchev. La crisis de la deuda de varios países de Europa del Este en los años 1980 va a hacerles más vulnerables a presiones externas, en el marco de la nueva fase de mundialización neoliberal. Pero la introducción de los cambios por arriba a favor de una democratización parcial va a contribuir a toda la ambiguedad y opacidad de un giro que apunta fundamentalmente a la puesta en cuestión de todo elemento de propiedad social...
Vista de conjunto... El antiguo sistema que se reclamaba del socialismo era sin duda alguna explotador: no permitía a los trabajadores, y más en general a las poblaciones, un verdadero poder de decisión sobre la organización y los objetivos de su trabajo. Reinando en nombre de los trabajadores sobre sus espaldas, suprimió el único potencial que el socialismo puede oponer a la temible eficacia capitalista: la responsabilización plena y completa de los seres humanos, a la vez en el plano individual y colectivo, en una asociación libre... La represión y la corrupción asociadas al partido único son la causa profunda a la vez de una cierta pasividad y de un deterioro real de las conquistas sociales, marcadas por el burocratismo. Son la causa primera de la victoria capitalista sin dar a ésta ni una legitimación ni una estabilidad: pues la distancia entre los derechos y valores socialistas reconocidos y la realidad ha sido sustituída por la supresión de los derechos... en nombre de una seudo democracia y del mercado. Desde entonces, la gran masa de las poblaciones afectadas, de Polonia a Rusia, pasando por la Alemania del Este o Yugoslavia, mira con nostalgia los años 1970 como los del socialismo, de la estabilidad, de las conquistas sociales, de una clase obrera presentada como fuente del valor... La caída masiva del nivel de vida es evocada en todas partes. Esta percepción presenta el pasado bajo una luz manifiestamente edulcorada: recordemos que se trataba de los años que precedieron a la explosión de Solidarnosc en Polonia, o los de la normalización de Checoeslovaquia tras la represión de la Primavera de Praga por los tanques soviéticos en 1968, o también de la represión de la intelligentsia socialista de Yugoeslavia o de Polonia.... Pero cualquiera que presente hoy del pasado únicamente la imagen del gulag o de una sociedad que no habría sido sino una variante del capitalismo de estado es incapaz de dar cuenta no solo de la actual percepción popular de ese pasado, sino sobre todo de la amplitud de la regresión social de los años 1990, y de los cambios mundiales que ello implica. El trabajo de memoria, de análisis y de clarificación de los escenarios se enfrenta a nuevas historias oficiales que son las prolongaciones de la guerra fría: para los ideólogos del fin de la Historia fechada en la caída del Muro de Berlín, no hay ni que plantearse la pregunta de si admitir que el pasado hubiera sido otra cosa que un aberrante paréntesis; su discurso martillea con que se trata de una vuelta a la normalidad, a Europa. Como si ésta hubiera estado unificada alguna vez, como si no hubieran existido los grandes imperios rivales, luego una revolución industrial en la que los Estados-naciones dominantes de la Europa occidental imperialista impusieron relaciones de periferia al resto de Europa y del mundo... Como si la revolución de Octubre (como todas las demás revoluciones del siglo XX) y las transformaciones de la Europa del Este tras la Segunda Guerra Mundial no hubieran tenido por objetivo profundo una industrialización en favor de las clases populares, pasando por la puesta en cuestión de las dependencias hacia el antiguo centro imperialista. Como si las guerras imperialistas, y entre las dos guerras mundiales, el fascismo y la gran depresión capitalista no hubieran dividido profundamente el continente europeo y dado una real legitimidad a Stalingrado, a las resistencias anticapitalistas y antifascistas, a los movimientos campesinos y obreros en búsqueda de derechos sociales elementales. Quienes ocultan así el pasado, presentan también hoy la ampliación de la Unión Europea hacia el Este como la coronación de un éxito cuando se trata de un oculta-miserias, que tiene por objetivo contener situaciones explosivas. Hablan de recuperaciones que vendrán gracias a la integración europea en términos de crecimiento del PIB cuando este crecimiento, frágil, está acompañado de regresiones sociales masivas. Hablan de democracia cuando las poblaciones pasan de las urnas a falta de reales alternativas. Evocan la vuelta a Europa cuando la Europa del Este se encuentra en posición de ser un vasto mercado periférico. Pero hacer inteligible el pasado y el giro de los años 1980 se enfrenta también a las miopías de otras presentaciones en blanco y negro sea la nueva apología del pasado o el apoyo a reagrupamientos entre excomunistas y anticomunistas nacionalistas y xenófobos; o bien, en nombre de la distancia entre ideales socialistas y socialismo real, la negación de toda conquista pasada y la subestimación profunda del giro de los años 1990. No se podrá establecer una inteligibilidad del siglo soviético más que con un trabajo que asocie a la vez a investigadores y actores de la antigua Europa del Este y del Occidente, críticos a la vez de los sistemas de gestión y de opresión burocrática pasados y de la mundialización capitalista. No se trata aquí más que de proponer algunos jalones de análisis necesarios, en tres puntos. 1- La puesta en perspectiva de las etapas internas/externas que llevaron al giro de los años 1990, subrayando los puntos de inflexión que prepararon un giro así el de finales de los años 1960 en el plano de la intelligentsia en sus relaciones con los trabajadores; el de los años 1970-1980 de endeudamiento y de ascenso de las corrientes tecnocráticas. 2- Una caracterización de las razones mayores que han hecho opaca la restauración capitalista: la privatización de los estados y de las formas de propiedad, sin verdadero aporte de capital y por tanto también soslayando las grandes empresas... 3- El esbozo de un balance que desemboque en un posible nuevo período de resistencias. I. Una restauración capitalista que aclara el pasado... y sus grandes fases. El giro de los años 1990 no se opera en un cielo sereno. Es a la vez ruptura, (cambio de sistema en sus fundamentos) y proceso marcado por elementos de continuidad que han contribuído, justamente, a hacer opaca la transición. Es abusivo, por supuesto, presentar el conjunto de los países de Europa del Este como un todo. Las diferencias históricas son considerables entre la URSS, la Rumanía de Ceaucescu, la Yugoslavia titista y la Checoslovaquia normalizada por los tanques soviéticos; entre Polonia cuyos consejos obreros de 1956 fueron canalizados y Hungría del mismo año 1956, donde los consejos obreros fueron al contrario reprimidos de forma sangrienta y la intervención soviética. Sin embargo, se puede distinguir en general un primer período histórico que llega hasta los años 1970 en el que las contestaciones tenían por lógica la exigencia explícita de más socialismo, cualquiera que haya sido la génesis precisa del régimen... El sistema, en sus variantes, intentaba consolidar su legitimidad, su base social, en nombre de los valores socialistas a falta de emancipación aportaba una seguridad y un futuro asegurado para los jóvenes a condición de no ser contestatario. El aumento regular del nivel de vida y una gigantesca promoción vertical de los campesinos hacia la clase obrera, de los trabajadores hacia los aparatos, aseguró, en comparación con las formaciones sociales anteriores, una industrialización acelerada de la Europa del Este. Los economistas liberales llamaban paro camuflado que se atrevían a calificar de peor que el paro puro y simple, a un (mal) pleno-empleo, un crecimiento derrochador de recursos materiales y humanos; igualmente hablaban de inflación camuflada para criticar un sistema en el que la producción de los bienes de consumo, de las viviendas, de los medicamentos, de los bienes culturales se hacía sin criterios de beneficio y sin reales precios de mercado. Era cierto que al nivel muy bajo de los precios administrados, la demanda era a menudo infinita y por tanto no satisfecha (con colas, llegadas de productos por oleadas, insuficiencias de calidad y de cantidades suministradas, a esos precios). Pero se trataba al mismo tiempo de un acceso asegurado para todos a bienes y servicios de base. El desarrollo considerable de la investigación científica, de la escolarización, de las artes, de las calificaciones, del consumo se combinaba con la realidad de la censura y de los estragos burocráticos.... Las tentativas de reformas introducidas por las alas reformadoras del partido único en los años 1950 y 1960 en la URSS o en Europa del Este, apuntaban a mejorar la calidad de los productos y la organización de la economía recurriendo a algunos mecanismos parciales de descentralización basados en el mercado.... a la vez que se mantenía el partido único. Pero las desigualdades y la inseguridad social que introducían produjeron siempre movimientos de resistencia y el freno de las reformas... en nombre de los ideales igualitarios, instrumentalizados por las corrientes conservadoras de los aparatos contra las lógicas tecnocráticas. Símbolo de este período, el movimiento de la juventud en la Primavera de Praga de 1968 en Checoeslovaquia, se reclamaba de los ideales socialistas; lo mismo ocurría con la Carta abierta de Kuron y Modzelevski en Polonia; y el movimiento de los estudiantes y de la intelligentsia yugoslava de junio de 1968 se oponía a la burguesía roja reivindicando la autogestión de abajo arriba, la planificación y asambleas autogestionarias contra la reforma mercantil de 1965; todos buscaban el contacto con la juventud contestataria de Alemania, Italia o del Mayo 68 francés; todos se oponían a la intervención imperialista en Vietnam... Pero todos fueron reprimidos. Todo pluralismo político, toda experiencia socialista alternativa coherente fue prohibida por un partido que monopolizaba el derecho a introducir reformas o interrumpirles cuando el partido corría el riesgo de perder el control político de la situación. Así pues, estas reformas fueron rápidamente bloqueadas, produciendo eventualmente mejoras precarias, pero en conjunto una pérdida de control creciente del centro sobre unidades de producción que ganaban en autonomía, siguiendo sin resolver el problema esencial: el burocratismo, precisamente, que parasitaba el plan o el mercado socialista. Con un vuelco, en el plano intelectual, cuya importancia solo se mide hoy: el de una intelligentsia que se volverá en los años 1980 hacia el liberalismo o (en Yugoslavia) el nacionalismo, reprochando a la clase obrera haber sido el aliado objetivo de las formas represivas y conservadoras del régimen. Fue pues fundamentalmente imposible tener otro tipo de crecimiento que el extensivo y derrochador en recursos humanos y naturales, pero también muy profundamente marcado por la corrupción, el clientelismo tanto más insatisfactorio para la juventud cualificada en la medida en que las necesidades básicas, al cabo del tiempo,estaban ya satisfechas y que las nuevas generaciones esperaban de la vida otra cosa que la mediocridad burocrática y la ausencia de libertades. Las contradicciones endógenas de un sistema burocrático reinante en nombre de los trabajadores y de las poblaciones, pero sobre sus espaldas, significaban la incapacidad de pasar a un crecimiento de mejor calidad y economizador de recursos. Los mecanismos de corrupción, el conservadurismo burocrático, la ausencia de libertades agravaron su carácter gris y el deterioro de las conquistas sociales sin atractivo para las jóvenes generaciones. Finalmente, fue en nombre del socialismo como las tropas del Pacto de Varsovia intervinieron en Checoslovaquia y es ese imperialismo no la OTAN- quien iba a ser percibido cada vez más como algo repulsivo para las generaciones que tenían 20 años cuando la Primavera de Praga y 40 años en 1989... Los años 1970-1980: ascenso de los conflictos de lógicas y crisis de la deuda. Frente al bloqueo de las reformas, en el curso de los años 1970, los partidos en el poder en varios países de la Europa del Este (Hungría, Rumanía, Polonia, Yugoslavia, Alemania del Este) intentaron modernizar las economías y responder a las aspiraciones de mejora del consumo mediante políticas de importaciones masivas y de endeudamiento externo. La realidad de las protecciones de los antiguos sistemas planificados contra el mercado mundial se mide por la rapidez de anclaje comercial a la UE tras 1991, cuando fue desmantelado el antiguo CAEM comunidad de ayuda económica mutua- o COMECON, que ligaba a los antiguos países del bloque soviético. Se pasó de una zona casi autárquica en relación al mercado mundial hasta los años 1970 a intercambios de más del 60% con la UE con un déficit comercial sistemático a favor de esta última... El decenio de 1980 marca un período bisagra en el paso de una lógica a otra, a favor del endeudamiento de algunos PECO. Los intercambios entre los países del COMECON se operaban entre productos, según mecanismos de trueque. Los precios del mercado mundial eran tomados en cuenta ... de forma que que fuera más ventajoso proceder a intercambios entre miembros del COMECON que con el mercado mundial. Si bien existía una cierta división del trabajo con especializaciones, el ascenso de los comunismos nacionales que se resistían a una simple subordinación al Kremlin había producido una subordinación de los intercambios en el COMECON a las planificaciones nacionales orientadas en primer lugar hacia los objetivos de industrialización de cada país. Esos países pasaron en algunos decenios de formaciones sociales muy mayoritariamente agrícolas de la periferia capitalista, a países en los que la industria representaba hacia los años 1980 más del 70% del PIB. Esta industrialización pasada se hizo sobre bases extensivas a menudo derrochadoras de recursos naturales y humanos, pero en cualquier caso poco respetuosas de criterios mercantiles, y muy protectoras socialmente. El conjunto significó hasta los años 1970 un real acercamiento en relación a los países capitalistas desarrollados, que se traducía en las conciencias en exigencias de reducción de la distancia existente entre los derechos y valores socialistas reconocidos y la realidad; y no en un rechazo del proyecto socialista (movimiento de los consejos obreros de 1956 en Polonia y Hungría; Primavera de Praga de 1968 en Checoeslovaquia; junio de 1968 en Yugoeslavia...). Los años 1980 fueron al contrario los de una crisis de la deuda que implicó el deterioro de los niveles de vida y de protección en varios países de la Europa del Este Polonia, Yugoeslavia, Rumanía, Hungría, RDA...- en el momento en que, en los aparatos de estado y de las empresas, capas tecnocráticas orientadas hacia Occidente tendían a autonomizarse de las antiguas direcciones más conservadoras. La ola de importaciones realizada a crédito durante el decenio de 1970 no era capaz de resolver las ineficacias del sistema; pero la deuda se vió agravada por la subida de las tasas de interés decidida en los Estados Unidos a comienzo de los años 1980 que repercutió de rebote sobre el conjunto de las tasas bancarias privadas que influían sobre las deudas. La crisis significó en el curso del decenio de 1980 una fase nueva históricamente en la que las crecientes presiones externas de los acreedores (y del FMI) influyeron sobre esos regímenes anteriormente casi autárquicos. Mientras que durante varios decenios la distancia de nivel de vida entre países capitalistas desarrollados y países de Europa del Este se había reducido, la carrera de armamentos (influyendo sobre la URSS) y la crisis del endeudamiento en varios países de Europa del Este significaron caídas de las inversiones en el consumo y la obsolescencia de los equipamientos de la industria civil. Mientras el capitalismo occidental realizaba una nueva revolución tecnológica que ponía en cuestión la organización del trabajo y las relaciones de fuerza sociales salidas de los treinta gloriosos, la distancia entre Europa del Este , incluída la URSS, y el Occidente capitalista aumentó. La percepción, por la juventud y las nuevas capas cualificadas esteeuropeas, de esta distancia, acentuó el poder de atracción de la Europa occidental. Tanto más en la medida en que los modelos aparentemente ganadores en los años 1980 parecen ser más bien el de Suecia o Alemania fuertemente socialdemocratizadas. En Yugoeslavia (principalmente en Eslovenia), así como en Hungría, en Rusia o en Polonia, van a producirse acercamientos entre los opositores demócratas y una tecnocracia cualificada que se sentía bloqueada en su propia promoción social por el conservadurismo del sistema /2. El endeudamiento en diversos países de Europa del Este no recubría sin embargo las mismas situaciones y no se traducía en las mismas respuestas de los partidos únicos aún en el poder durante el decenio de 1980. El endeudamiento polaco más precisamente, la importación de bienes occidentales permitida por este endeudamiento- realizado en los años 1970 por Gierek, fue de hecho extremadamente... popular. Pero había que pagar la factura. Fué el alza de los precios de los bienes de consumo lo que produjo la explosión de Solidarnosc: en un sistema en el que la economía no está ya determinada por los mecanismos mercantiles, los cambios de precios se convierten justamente- en decisiones políticas. Pero los millones de trabajadores una buena parte de ellos miembros del partido único- tenían una cierta memoria de 1956: Polonia era en este terreno un caso a parte, marcado por una acumulación de experiencias obreras no reprimidas frontalmente, sino canalizadas y desnaturalizadas por el régimen. La desconfianza hacia el partido único era fuerte, tanto como la confusión de las consignas y de las orientaciones. El congreso de Solidarnosc reflejaba estas confusiones pero su centro de gravedad seguía marcado por una dinámica autogestionaria y no de privatizaciones de las empresas /3. Tras el decenio de represión, una parte de la intelligentsia democrática y anticomunista va a intentar instrumentalizar lo que queda de la movilización de los trabajadores para negociar un compromiso con el régimen la Mesa redonda intenta combinar reformas liberales y mantener elementos de monopolio político del partido. Pero , bajo la presión de la financiación estadounidense (dentro de ella la anulación de la deuda polaca a comienzos de los años 1990, pero también formas de corrupción directas de los dirigentes sindicales y políticos) la terapia de choque liberal se introduce disfrutando por muy poco tiempo- de una legitimación popular contra quienes habían reprimido a Solidarisnosc. En los demás países endeudados, los escenarios son diferentes. En Rumanía, Ceaucescu devolvió durante el decenio de 1980 la totalidad de la deuda sobre la base de una dictadura feroz contra su pueblo sus pares preferirán hacerle pagar la impopularidad de un régimen así con su asesinato en el curso de una pseudo revolución, a comienzos de los años 1990. En Yugoeslavia, los años 1980 están marcados por una inflación galopante de tres cifras que expresa las múltiples resistencias sociales a las políticas de austeridad preconizadas sobre las espaldas de los trabajadores; pero los poderes de las repúblicas desviarán el descontento social hacia el nacionalismo, con una desagregación de todas las solidaridades prefigurando el estallido de la federación las repúblicas ricas, Eslovenia y Croacia, intentaron abandonar el barco que se hundía para insertarse como buenos europeos en el nuevo orden mundial, jugando con sus lazos históricos con Austria y Alemania. Los dirigentes húngaros, por su parte, intentarán preservar la estabilidad social y política del sistema optando por devolver la deuda mediante la apertura de las mejores empresas al capital extranjero... En cuanto a la RDA, según G. Mink y J-C Szurek (La Gran conversión, Paris 1999), desde noviembre de 1987, era abandonada por Gorbatchev que veía en la unificación alemana una posible solución óptima para la política de desenganche militar de la URSS confiando en una salida de la lógica de bloques. Pero la dinámica de la unificación alemana luego la consolidación y la ampliación de la OTAN, a favor de la crisis yugoslava siguieron un curso muy diferente... escapando a Gorbatchev igual que la propia URSS. El desmantelamiento del COMECON y la destrucción de la URSS fueron queridos por Yeltsin, porque como productor esencial de los recursos de gas y petróleo, quería poder imponer a las repúblicas ya independientes, como a los antiguos miembros del bloque, verdaderos precios de mercado, en divisas fuertes. Tras haberse industrializado en un marco protegido respecto del mercado mundial, tras el posterior fracaso de importaciones sin transformación de los mecanismos de propiedad y de producción, los antiguos países del COMECON se orientaban radicalmente hacia un proyecto de inserción en la Unión Europea. II Un giro histórico opaco. Las transformaciones que marcaron los países llamados socialistas durante el decenio de 1990 fueron llamadas transición hacia economías de mercado por las instituciones de la mundialización. Esta fórmula expresó el hecho de que había salida del antiguo sistema, y no ya voluntad de reformarlo, pero que se trataba de un proceso. ¿Cómo se determinó, en esas sociedades, el sentido (significado y dirección) de los cambios? ¿Qué designaba (quién decidía) el objetivo de la transición, y los rasgos de economía de mercado hacia los que era evidente que debían dirigirse?. ¿Qué podía significar una fórmula así (economía de mercado), en primer lugar para las poblaciones concernidas por un proceso que se pretendía al mismo tiempo democrático? Esas poblaciones no tenían generalmente del mercado más que un conocimiento bien limitado, lo más a menudo reducido a la idea... de que se trataba de llenar los escaparates de los almacenes, una perspectiva atractiva a la salida de un decenio de políticas de austeridad. En cuanto al aspecto democrático del proceso, fue asociado a la aparición de un pluralismo de partidos y a elecciones pluralistas. Sin embargo, la etiqueta de transición (así como el juicio dado por los expertos internacionales sobre su grado de avance) fue rápidamente asociada a las privatizaciones, puestas en el corazón de las reformas. Ahí también, los ideólogos de las transformaciones no precisaron a las poblaciones de qué privatizaciones se trataba realmente o más precisamente, cual era su lógica socioeconómica. La pequeña producción mercantil, el artesanado, tenían ya un lugar en el antiguo sistema (en Yugoslavia y Polonia, la gran mayoría de las tierras era privada y de pequeña dimensión, sin asalariado; el artesanado existía). El lugar de la pequeña producción mercantil fue ciertamente ampliado por las nuevas reformas. Pero no era lo que caracterizaba el giro; éste apuntaba explícitamente a la industria y la privatización sistemática de las grandes empresas es decir miles de grandes empresas, el corazón industrial de esas sociedades, allí donde estaba la inmensa mayoría (a menudo del orden del 80%) del empleo... funcionaran bien o mal dichas empresas. La privatización generalizada se convirtió en un objetivo en sí, un marcador del giro, o del compromiso real de los equipos en el poder con una ruptura con el pasado: condicionó los créditos occidentales (bajo alta vigilancia y presiones de políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional FMI- y del Banco Mundial BM), así como, en lo fundamental, la adhesión a la Unión Europea (UE). Los objetivos reales de la transición: ¿qué se trataba de destruir?. En la URSS y en los países del Este, la moneda no funcionaba como capital (no se podía libremente vender o comprar fábricas, equipamientos, materias primas y fuerza de trabajo... menos aún acciones). No había criterios de beneficio para orientar las inversiones porque no había precios que reflejaran los costes o /y la oferta y la demanda (en los sectores industriales esenciales); no había real medida de los costes (el plan versión soviética era realizado o superado en cantidades físicas, cualquiera que fuera el coste...). Una de las primeras medidas que debieron tomar los expertos occidentales fue introducir una contabilidad de las empresas, que, muchas de ellas, no evaluaban ni siquiera sus equipamientos... al menos allí donde no hubo reformas mercantiles descentralizadoras bajo el régimen anterior. De forma general, no había cierres de empresas que trabajaran a pérdida, ni hubo tampoco despidos económicos. Los sistemas de precios permanecieron en lo esencial administrados, duraderamente bajos para los bienes y servicios de base o estratégicos, sin reflejar ni los costes, ni las relaciones de oferta y demanda. El dinero (la moneda) funcionaba pues solo como renta que permitía comprar bienes de consumo. Los salarios directos no eran a menudo lo esencial: la subvenciones a los productos y servicios básicos (alojamiento, transporte, alimentación y también bienes culturales) eran considerados como un consumo colectivo (o salario indirecto); se añadían a ello, asociadas al empleo, formas importantes de rentas en especie distribuídas por las grandes empresas, como las viviendas, guarderías, productos raros, etc... Los privilegios de la burocracia eran ellos mismos esencialmente privilegios de consumo acaparados gracias a su posición en el aparato político/productivo. La época de Brejnev en Rusia fue la de un conservadurismo burocrático extremo, pero que permitía al mismo tiempo resistencias sociales considerables sobre los ritmos de trabajo y sobre la garantía del empleo (incluso si se trataba de un mal empleo). En fín, la industria de esos países estuvo en general fuertemente dominada por una estructura de monopolios... Rechazando las dictaduras del antiguo partido/estado único, la gran masa de las poblaciones, y principalmente en el congreso de Solidarnosc en Polonia en 1980, no se movilizó nunca por un proyecto de privatizaciones generalizadas. El objetivo era vivir mejor y más libremente, al margen de todo debate sobre los ismos o ideologías embarulladas. La esperanza era a menudo disfrutar de lo mejor de cada sistema y más bien del modelo sueco que del capitalismo anglosajón... El rechazo de las antiguas dictaduras incapaces ya de asegurar ni siquiera el mantenimiento del nivel de vida, facilitó, como en Polonia o en Checoeslovaquia coaliciones amplias en las primeras eleciones libres. Pero estos frentes contra se dividieron luego en todas partes durante el decenio de 1990 en los por. Las corrientes liberales pretendían poner en cuestión la arbitrariedad y los despilfarros del antiguo sistema de partido-estado; pero también los sistemas de protección social. Y es en parte por lo que los resultados electorales variaron, según las promesas de los nuevos y antiguos partidos más o menos reformados y lo que tal o cual parte de la población (en posición más o menos buena para enfrentarse a las incertidumbres del mercado) quería expresar en primer lugar: una sanción a los antiguos dirigentes corrompidos, una voluntad de cambio radical, o también el miedo de cambios percibidos, con razón o no, como amenazadores. La fuerza de las corrientes neoliberales estaba inicialmente en pretender aportar a la vez eficacia económica y libertades, sobre la base de los preceptos que se pretendían universales del Consenso de Washington. Para la gran masa de la gente, mercados y privatizaciones eran abstracciones que a los economistas, a menudo menos desacreditados que los partidos políticos, se les suponía dominar. Pretendiendo la cientificidad, estos preceptos neoliberales tenían un carácter voluntarista y normativo: se impusieron excluyendo sus decisiones del dominio de los debates democráticos /4. Estaban dotados para hacerlo no solo de la fuerza de las instituciones de la mundialización, sino también del apoyo celoso de antiguos miembros de la nomenklatura. Paradójicamente, en efecto, esta característica no democrática del consenso de Washington facilitó el vuelco socio-político e ideológico de buen número de antiguos dirigentes del partido único hacia las privatizaciones, bajo ritmos y etiquetas variables. A la vez que se reclamaban de los nuevos dogmas, iban a esforzarse por transformar sus antiguos privilegios de función en privilegios de propiedad, bajo etiquetas políticas variables /5. Es precisamente en el análisis de las formas tomadas por las privatizaciones donde se puede encontrar el porqué y el cómo de los primeros años de la transición los de un vuelco sin precedente histórico. ¿Qué privatizaciones como núcleo duro de la transición? Las privatizaciones fueron puestas en el centro de la transición. Pero hay que establecer una distinción mayor entre la pequeña privatización (que implica principalmente la creación de nuevas y pequeñas empresas) y la gran privatización (concerniente a las grandes empresas, es decir también a lo esencial del empleo y de la producción de esos países industrializados) /6. Esta última ha sido generalmente el motor del crecimiento de los países de Europa central y oriental, principalmente en Polonia. Ha sido a veces valorizada, como vía privilegiada de la transición. Y es cierto que han contribuido a crear a la vez un mecanismo concurrencial, verdaderos propietarios y una transferencia más o menos rápida de las financiaciones hacia las nuevas firmas privadas (start-up). Las exenciones de impuestos iniciales en dirección de las nuevas empresas favorecieron en general este proceso. En cuanto a las pequeñas empresas son a menudo frágiles y su crecimiento alcanza muy rápidamente límites. Por otra parte, una parte sustancial de las pequeñas parcelas de tierra privadas completaba de hecho el nivel de vida y las protecciones del trabajo en empresas. Dicho de otra forma, a pesar de una ideología dominante a menudo hostil o desafiante hacia la propiedad privada y que limitaba estrechamente sus dimensiones, la pequeña propiedad personal había encontrado su lugar y sus protecciones en el sistema. De ahí la aparente paradoja de un pequeño campesinado privado, tanto en Polonia como en Serbia, que se muestra como una clientela electoral esencial de los partidos más populistas salidos del antiguo partido único, al sentirse amenazado por partidos liberales partidarios de privatizaciones... pero sin protecciones sociales. En ninguna parte, en la práctica, las pequeñas privatizaciones resolvieron el problema de las reestructuraciones de las grandes empresas cuyo coste social, económico y político está en el centro de las dificultades de la transición. Es por tanto claramente la privatización de las grandes empresas (la gran privatización) la que es significativa de los contenidos y de las dificultades de la transición. El criterio esencial de diferenciación de las grandes privatizaciones fue y continúa siendo la aportación o no de capital (correspondiendo solo la primera variante a una venta real). ¿Cómo privatizar sin capital? O las fuentes principales de opacidad de la restauración capitalista. La opción de la venta se enfrentaba con una paradoja para un programa de privatizaciones: la enorme insuficiencia de capital-dinero nacional acumulado para comprar las empresas. Una insuficiencia a nuestros ojos significativa de toda la transición. Remite, en efecto, a la ausencia de mercado del capital y a las funciones limitadas de la moneda tras las relaciones de propiedad del antiguo sistema. El economista polaco W. Brus /7 ha analizado bien lo que llamaba el papel pasivo de la moneda en un sistema sin real relación de compra/venta de los medios de producción, en el que los precios no eran significativos de una economía de mercado y de sus ajustes; lo que el economista húngaro J. Kornaï /8 describía igualmente subrayando la presión presupuestaria blanda que pesaba sobre las empresas. En el plano socioeconómico (integrando una dimensión política), estas características no mercantiles significaban la casi imposibilidad de quiebra de las fábricas. Incluso si las reformas ampliaron los márgenes de los mecanismos mercantiles, siendo el ejemplo yugoeslavo el más extremo en este terreno, la sustancia de los criterios de rentabilidad mercantil capitalista permaneció fundamentalmente extraña a la lógica de estos sistemas. Aseguraban una producción orgánicamente extensiva, poco preocupada por los costes, principalmente monetarios, revelando plenamente desde este punto de vista una esencia no capitalista. Esa es la razón de que en su conjunto, la acumulación de capital-dinero no pudo realmente comenzar más que tras el comienzo de la transición, a menudo bajo las formas violentas y primitivas de un capitalismo salvaje La privatización por venta no encontró, en lo esencial, como comprador más que el capital extranjero. Lo que indica hasta qué punto el excedente monetario era débil en el antiguo sistema. En la práctica, solo Hungría y Estonia optaron por privatizaciones por venta al capital extranjero, al comienzo de la transición. El objetivo de un anclaje rápido en Occidente para disociarse de la URSS influyó sin duda en la orientación de Estonia. La decisión de los dirigentes húngaros del antiguo sistema en los años 1980 obedecía inicialmente, como se ha dicho, al objetivo del pago de la deuda externa en divisas fuertes acumulada en los años 1970: la venta de una parte de lo mejor de la industria tenía como objetivo limitar de hecho la política de austeridad. Las inversiones directas extranjeras (IDE) intentaban por su parte concentrarse en las regiones más ricas y estables. Por ello las privatizaciones sin capital conciernen en primer lugar a las regiones más damnificadas.... Si fueron raras inicialmente las privatizaciones con aporte de capital, ¿qué formas y contenido tomaron lo que la socióloga polaca Maria Jarosz /9 llamó las privatizaciones directas, sin capital?. Se trata entonces de un cambio jurídico de propiedad con el objetivo de hacer posible un cambio de lógica socio-económica y de estatus de los trabajadores. Pero este objetivo no podía ser explícito, al ser tan necesario en los primeros años de la transición legitimar el proceso como democrático a ojos de las poblaciones concernidas y del resto del mundo. Por ello las privatizaciones directas reflejaron en parte la voluntad inicial de preservar un carácter nacional (y en la medida de lo posible popular) a las privatizaciones principalmente en Polonia, o en Eslovenia. Todo ocurrió como si esta exigencia de legitimación hubiera transformado en ventaja inmediata la carencia de capital nacional o extranjero dispuesto a comprar las empresas ofrecidas, incluso si a medio plazo, las privatizaciones jurídicas sin aporte de capital plantearon un problema mayor para las reestructuraciones buscadas. Hubo, en lo esencial y de forma opaca, dos grandes variantes de privatizaciones directas, a menudo dejadas a la elección de los trabajadores en la mayor parte de los países concernidos al comienzo de la transición: privatizaciones... a favor del estado y privatizaciones de masas casi gratuitas, a favor de los insiders (empleados y directivos de la empresa). Son dos las fuentes esenciales de opacidad de la restauración capitalista. La noción paradójica de privatizaciones directas a favor del estado revela en realidad el cambio de lógica socio-económica de los nuevos gobernantes del estado. El partido/estado reinaba en nombre de los trabajadores (sobre sus espaldas), sin atributos de un verdadero propietario. Se ha llamado privatización (en las lenguas de los países concernidos y en las estadísticas) todo lo que ponía en cuestión la lógica de propiedad social anterior, incluso bajo sus formas más bastardas e híbridas, estatalistas. En el antiguo sistema, el estado, aunque haya de ello varios planteamientos teóricos, no era un verdadero propietario: los dirigentes del estado-partido no eran accionistas y no podían transmitir nada como propiedad en herencia. No podían tampoco comprar libremente o vender las empresas que gestionaban. Y los procedimientos de quiebra de las empresas o de despido seguían excluídos sin recolocación previa. El propietario real teórico en nombre del cual se efectuaba esta gesión, era el pueblo o los trabajadores. Estos no tenían la democracia económica que les permitiera controlar y decidir realmente fuera de los márgenes de responsabilidad local concedidos a los consejos obreros o a la autogestión; pero el menor movimiento de contestación podía costar a los managers y demás burócratas su estatus político-social. La estabilización de los gestores de las empresas y de la economía había estado por ello estrechamente relacionada con la seguridad social y las conquistas sociales ofrecidas a los trabajadores en las grandes empresas, o en la univesidad (con las cuotas a la vez sociales, de género, y políticas). Es claramente esta realidad la que la intelligentsia y las corrientes liberales comenzaron a despreciar y a querer poner en cuestión denunciando en los años 1990 el igualitarismo y la mentalidad de asistidos de los trabajadores; o también su conservadurismo retrógrado. Por las privatizaciones directas, se trataba a partir de ahí, al contrario, de hacer emerger (incluso sin aporte de dinero) un cambio radical de lógica del estado. Una verdadera propiedad que permitiera a la vez un cambio del estatus de los trabajadores y, según las necesidades, la venta de las empresas. Se tiene ahí una primera fuente de ambigüedad de estas refoluciones /10 (a la vez reformas y cambio radical de sistema, por tanto revoluciones): la radicalidad del cambio introducido por el estado no fue sin duda inicialmente percibido por las poblaciones concernidas. Contaban sin duda con una continuidad con el estado/partido del antiguo régimen, ciertamente dictador pero también protector socialmente. Esta ilusión de continuidad protectora fue reforzada por las victorias electorales de los excomunistas bajo nueva etiqueta socialista o social-demócrata desde los primeros años de la transición. Fue principalmente el caso en Polonia, tras menos de tres años de terapia de choque liberal. Salvo que los excomunistas socialdemócratas de los que la población esperaba que fueran socialmente más protectores, una vez de vuelta al poder por las urnas en Polonia van a hacer la opción de ser los agentes locales celosos de la OTAN y de las transformaciones ultraliberales, no sin corrupción. Pagan hoy las consecuencias, siendo la derecha nacionalista y xenófoba la que ha llevado, contra la izquierda el discurso contra la fractura social y acaba de hacerse elegir en Polonia... La segunda fuente de ambigüedad residió en las privatizaciones de masas, formas diversas de accionariado popular sobre bases casi gratuitas. Expresaban explícitamente el reconocimiento del hecho de que la antigua propiedad colectiva volvía de derecho (por tanto prioritaria y gratuitamente) a escala masiva, a los trabajadores y poblaciones. En Rusia, principalmente, la presentación mediática del programa en quinientos días de privatizaciones elaborado por el académico S. Chataline al comienzo del decenio de 1990 insistía en la restitución al pueblo de una propiedad usurpada y el medio de poner fin a la criminalidad subterránea (Favarel-Garrigues, 2003). Estas privatizaciones de masas a favor de los insiders (trabajadores y directores de las empersas ) fueron puestas en práctica en la mayor parte de los países (de Rusia a la República checa pasando por los países balcánicos) al comienzo de la transición según diferentes escenarios. Remitían a distribuir a las poblaciones y trabajadores un poder de compra de partes de empresas: cupones cheques en Rusia- que permitían comprar acciones, distribución gratuita o casi gratuita de acciones, derechos prioritarios y tarifas privilegiadas en la adquisición de partes de sus empresas... Las formas de estas privatizaciones variaron , desde el recurso a diferentes tipos de fondos de inversión a los procedimientos de subastas directas.... En sustancia, las dos formas de privatizaciones directas sin capital (por el estado o las privatizaciones de masa) contribuyeron a suprimir toda forma de derechos de gestión y de órganos de autogestión asociados a un estatuto de conjunto de los trabajadores salido de la propiedad social. Se trataba de hacer emerger de forma no frontal un verdadero estatus de asalariado sometido a las normas mercantiles. La flexibilidad de la fuerza de trabajo sometida al mercado no fue introducida en los códigos de trabajo más que a finales del decenio de 1990 incluso muy recientemente durante los años 2000. En la primera fase de las refoluciones, las privatizaciones directas pudieron al contrario aparecer como protectoras a los ojos de los trabajadores cuando en realidad ponían en cuestión todo derecho de gestión de una propiedad social. En Polonia, por ejemplo, por la comercialización el estado de los primeros años de la transición se convertía en el verdadero propietario privado en lugar de los trabajadores: la lógica de la rentabilidad implicaba en primer lugar la supresión de los consejos obreros en estas empresas. Ésta condicionaba la posibilidad de liquidación de las empresas sobre la base de criterios mercantiles, igual que su venta ulterior a un verdadero propietario privado, cuando los trabajadores habían creído ver en la propiedad del estado una cierta protección. Esta superposición de lógicas contradictorias se encuentra en las privatizaciones de masas: desde el punto de vista de los empleados: la opción pragmática de esta forma de privatización apuntaba al menos a proteger derechos sociales, principalmente al empleo contra reestructuraciones que habrían impuesto outsiders privados (siendo percibido el estado como menos peligroso). Mientras que desde el punto de vista de los nuevos poderes existentes y de los reformadores, se trataba en primer lugar de legitimar las privatizaciones ante los ojos de las poblaciones; simultáneamente, esto permitía probar a las instituciones mundiales que había privatización consiguientemente ruptura con el antiguo sistema, lo que condicionaba créditos o el acercamiento a la Unión Europea (UE). Al hacer esto, se emprendía un proceso real de polarizaciones sociales nuevas y de concentración de la propiedad, principalmente a favor de los antiguos directores de empresa o de rama, tras la dispersión de un accionariado popular sin dinero y sin poder, salvo el de ralentizar las reestructuraciones. El estado privatizado, desarrollaba lógicas clientelistas en la gestión de sus nuevos derechos de propiedad o cedía sus partes a verdaderos inversores privados nacionales o extranjeros. No entraremos aquí en el análisis de los montajes financieros y guerras de oligarcas que todo esto ha ocultado. El punto importante que se trata de subrayar es el hecho de que las privatizaciones directas hicieron tragar la píldora de las privatizaciones, sin más. Pero no crearon un capitalismo eficaz y estable (enraizado en una fuerte clase media y en una capacidad para elevar el nivel de vida); no resolvieron principalmente las cuestiones de la reestructuración de las grandes empresas y de la etapa necesaria en este plan: el paso a una verdadera gestión capitalista, permitiendo mediante un aporte de capital una modernización competitiva y no solo la destrucción del antiguo sistema... Tras las privatizaciones de masa, se asistió a un vaciado de la sustancia productiva de las grandes empresas... pero rodeándolas, es decir evitando el ataque frontal a los trabajadores. La caída de los créditos en dirección de esas empresas y en beneficio al contrario del sector realmente privado, el no pago de los salarios, acompañará un tiempo más o menos largo el no cierre de las empresas en quiebra.... En Rusia las relaciones de trueque dominantes hasta la crisis financiera de 1998 /11 ilustraron la supervivencia de elementos del antiguo sistema en esta fase particular. La producción y la distribución en especies por las grandes empresas de bienes y servicios, principalmente gestionadas por los sindicatos (viviendas, guarderías, hospitales, productos proporcionados en los almacenes de las empresas...) jugaban en el pasado un papel esencial de socialización y de estabilización de los trabajadores en la empresa. Sirvieron, bajo formas totalmente deterioradas, de amortiguador durante un tiempo. Hoy Putin ha pasado a la fase de una transformación de las antiguas ventajas en especies a formas monetarias. En un contexto de empobrecimiento general, es la fuente de nuevos movimientos sociales de protesta... La pérdida de empleo implica la pérdida de todas estas ventajas difíciles de externalizar cuando los presupuestos sociales de los ayuntamientos y del estado se reducen bajo presión liberal, y cuando los salarios se convierten en demasiado débiles para comprar bienes y servicios privatizados hoy... La herencia degradada de la gestión de las antiguas empresas, asociada a las pequeñas huertas, ha evitado explosiones sociales en condiciones de no pago de los salarios, pero conservación del empleo (por tanto vivienda y otras protecciones en especies). Ha ralentizado el ascenso del paro aparente pero hace absurdas las nociones de rentabilidad utilizadas generalmente para describir la mala gestión de esas empresas, sin tener en cuenta la coherencia de los antiguos criterios de costes socializados (bien o mal, esa no es la cuestión). III- conclusión: un balance desastroso. En el plano de la situación económica de conjunto el hundimiento sufrido en la primera mitad de los años 1990 es a menudo comparado en su amplitud, a la crisis de 1929 (a pesar de las diferencias de marco). Entre 1989 y 1992, la caída de crecimiento fue general para todos los países concernidos: cerca del 40% en Rusia, pero también el 20% en Hungría, 30 % en la República checa, 50 % en Polonia (cuya situación es la mejor)... al menos tan grave, y a menudo más, en los nuevos países independientes salidos de la descomposición de la URSS. Tras 1993, el crecimiento se ha recuperado en Polonia (gracias a la anulación de la deuda externa por los Estados Unidos lo que se omite decir generalmente...); luego ha llegado a otros PECO. Diez años después de la caída del Muro, en 1999, el PIB de los tres países bálticos era inferior entre un 20% y un 40% a su nivel de 1989; la República checa, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia habían justo reencontrado o ligeramente superado el nivel del PIB de 1989; solo Polonia había conocido una progresión del 20% de su PIB en relación a 1989 principalmente gracias a una anulación de su deuda externa a comienzos del decenio, raramente mencionada. Con el nuevo milenio, el crecimiento se ve acompañado del aumento del paro y de las desigualdades porque la reestructuración de las grandes empresas y de la agricultura apenas ha comenzado y las inversiones se concentran en los sectores más ricos... El volumen de empleo era en 1999 del 73% (Hungría, Estonia) al 90% (Polonia) de su nivel de 1989. El desarrollo del paro prosiguió con el crecimiento cerca del 20% en Polonia en el momento de la adhesión a la UE en mayo de 2004. Está en parte camuflado por la bajada de la población activa, con el repliegue sobre las pequeñas huertas, el trabajo negro o el ascenso de la prostitución. La privatización de los servicios de salud y de guarderío infantil, la caída de los presupuestos de educación en parte descentralizados hacia colectividades locales sin recursos acompañan un aumento general de la pobreza y de las distancias sociales y regionales. Los sistemas de protección social han sido reformados, principalmente las jubilaciones, en el sentido de los modelos neoliberales promovidos por el Banco Mundial y la OCDE cuyos expertos, principalmente en Polonia y en Hungría, participaron directamente en la elaboración de las reformas. Se le supone a la descentralización regional, presentada como democratización y destrucción de los antiguos mecanismos centralizadores dar a las colectividades locales los medios de asegurar los gastos de formación y de seguridad social. Pero a falta de recursos fiscales, las escuelas y otros servicios públicos se cierran (principalmente en Polonia) mientras que las antiguas grandes empresas, lugar privilegiado de las protecciones sociales asociadas al empleo (se encontraban allí viviendas, guarderías, restaurantes, a veces servicios hospitalarios, centros de ocio, etc.), se encuentran desmanteladas o asfixiadas a falta de créditos. En diez años (1989-2001) el empleo agrícola ha caído del 18% al 6,5% en Hungría, del 9,4% al 4,5% en la República Checa, del 12,6% al 6,7% en Eslovaquia. Al mismo tiempo, la agricultura polaca no registra más que una débil disminución, a pesar de los despidos masivos en el sector de las granjas del estado. Este declive del empleo agrícola está llamado a proseguir y a acelerarse en países como Polonia o Lituania que han conservado respectivamente el 18,8% y el 17,8% de activos agrícolas. Lo que significa el aumento del paro rural y la progresión correlativa de la pobreza. A excepción de los territorios rurales checos, el paro rural alcanza en todos estos países niveles muy superiores a los registrados en los centros urbanos. Afecta tanto a los antiguos asalariados de las explotaciones colectivas como a los obreros-campesinos víctimas de despidos industriales, tanto a los jóvenes como a los adultos. El paro rural en 2000 País Tasa de paro rural en %. Eslovaquia 21,2 Polonia 18,0 Lituania 17,6 Letonia 14,9 Estonia 13,9 Hungría 9,2 Rep.checa 8,7 Fuente : Transition Report, 2002, European Bank for Reconstruction and Development La pobreza en el medio rural (en %) País Parte de la población rural en situación de pobreza. Letonia 51 Polonia 33 Estonia 31 Hongria 24 Slovaquia 10 Rep. checa 1 Fuente : World Bank and EBRD, in Transition Report, 2002, European Bank for Reconstruction and Development Al paro oficial, hay que añadir el paro oculto que afecta a una parte de la población que vive de las pequeñas explotaciones individuales. En Polonia, el número de personas afectadas por este fenómeno estaría entre 1 y 1,5 millones de personas (es decir, entre el 15% y el 30% de la mano de obra rural). Una proporción importante de gente del campo ha permanecido atrapada en la agricultura de subsistencia que le asegura mediocres rentas pero también un estatus social (particularmente en Polonia donde el hecho de tener una explotación de más de dos hectáreas ha prohibido al agricultor declararse parado, lo mismo ocurre en Lituania donde el hecho de explotar una parcela de tierra, incluso sin sacar de ella una renta dineraria, impide pretender el subsidio de paro). Se distinguen, en líneas generales, dos conjuntos agrícolas: - el primero está caracterizado por la preponderancia de las grandes explotaciones (más de 100 ha), con un empleo agrícola en sensible disminución (menos del 10%), tras las reestructuraciones. Esta situación concierne en primer lugar a la República checa, pero también a Eslovaquia, Hungría (con la resultante, en estos dos últimos países, de un paro rural elevado). - el otro, de estructuras débilmente concentradas, incluye numerosos activos agrícolas a cargo, como en Polonia donde domina una agricultura familiar de tipo campesino que soporta una numerosa población a cargo (paro oculto), o en Lituania donde se ha reconstituído una agricultura familiar durante el decenio de los 90. En el seno de estas agriculturas familiares coexisten dos sectores de importancia desigual: una pequeña agricultura de subsistencia sin futuro y una agricultura mercantil en vías de consolidación. Red de seguridad, la agricultura con función social está designada al mismo tiempo por la Comisión Europea como el obstáculo para la reestructuración del conjunto del sector. ¿Será reducido el fondo de seguridad social agrícola que absorbe el grueso de los recursos presupuestarios en beneficio de una lógica productiva favorable al sector mercantil competitivo?. La vía de la modernización deseada por una capa de agricultores mercantiles está en conflicto con la situación de una masa de pequeñas explotaciones que no tienen casi futuro económico salvo ser reinsertaas en una política rural ambiciosa y creadora de solidaridades, de desarrollo regional y de empleos... Cosa que no está verdaderamente al orden del día de las negociaciones agrícolas mundiales y plantea toda la incertidumbre de las reformas de la PAC... En total, ha habido diferencias en los puntos de partida así como en las trayectorias. Sin embargo, tras estas diferencias, puede ser dibujado un mismo balance para el conjunto de la Europa del Este y la ex-URSS, incluso por parte del Banco Mundial /12: La pobreza se ha extendido y ha aumentado a un ritmo más rápido que en ninguna otra parte del mundo. Además, subraya, la desigualdad ha aumentado en todas las economías en transición y de forma dramática en algunas de ellas, y esto, aunque los países de esta región hayan comenzado la transición con niveles de desigualdad de los más débiles del mundo. La construcción europea un proyecto sin cohesión. El capital no tenía realmente necesidad de la ampliaciónde la UE para penetrar en Europa del Este, para encontrar allí recursos y una fuerza de trabajo no protegida, cualificada y barata, o para buscar allí alguna clientela nueva. Al contrario, los inversores extranjeros estaban encantados de no tener los obstáculos de las normas reglamentarias europeas, tanto en el plano social como ecológico. La transformación de la Europa del Este en mercado periférico es una realidad antes de la integración en la UE. Los dirigentes de la UE veían por otra parte con preocupación el ascenso de la pobreza y del paro y la lentitud de las reestructuraciones industriales y agrícolas en los PECO: otros tantos criterios que hacían de esos países beneficiarios potenciales de los fondos estructurales que significan alrededor de la mitad del presupuesto europeo. Si se aplicara a los candidatos los criterios existentes de elegibilidad a esos fondos y a la política agrícola común (PAC), habría que por lo menos doblar el presupuesto. Lo que no es enorme en sí mismo (puesto que es inferior al 1,2% del PIB de la UE contra un 20% en los EEUU, por ejemplo). Pero entraría en contradicción frontal con la negativa de los países y regiones más ricas a asegurar una transferencia hacia las otras el proyecto de Tratado constitucional ha registrado explícitamente como excepción alemana (¡en una Constitución europea!) las transferencias masivas realizadas en favor de los Länder del Este... En la práctica, la UE ha avanzado como los cangrejos. Incluso si se establecieron criterios en Copenhague (1993) /13 para determinar quien podía ser candidato, las negociaciones no comenzaron hasta 1998, con los 5 candidatos reputados más avanzados (Hungría, Polonia, República checa, Eslovenia y Estonia quedando otros 5 países para una segunda ola). En realidad las presiones para la adhesión venían de Europa del Este. Y este arreglo inicial suscitó la cólera de los 5 rechazados que temían que este tratamiento diferenciado aumentara aún más las distancias y les dejara duraderamente al margen. El mito de los criterios permanece. Pero en la práctica, son consideraciones geopolíticas las que guían el juicio sobre quien es candidato posible o no y sobre la apertura o no de negociaciones. El big-bang de 1999 fue así político: la cumbre de la Unión inscribió como irreversible la promesa de integración de los diez PECO candidatos y la amplió a los Balcanes del oeste, con la introducción de un Pacto de estabilidad de la Europa del Sur-Este, un día después del fin de la guerra de la OTAN en Kosovo: la cumbre de Tesalónica en junio de 2003 les confirmó (sin fecha) el proyecto de apertura de la Unión, a condición de que se pusieran previamente de acuerdo entre ellos y respetaran los criterios de Copenhague. Los pseudo criterios son por un lado susceptibles de fuertes márgenes de interpretación ¿qué significa el respeto de las minorías en una construcción europea que integra tanto el modelo alemán como el francés o español?. ¿Qué significa haberse convertido en una economía de mercado capaz de afrontar la competencia cuando todos los países concernidos tienen un paro y déficits comerciales crecientes?. En cuanto al acerbo comunitario, es evolutivo e indeterminado en lo referido a la PAC y los fondos estructurales. La construcción europea va adelante por razones políticas: son los fracasos e incertidumbres de la transición tanto en la paz como en las guerras que amenazan al continente. Son en realidad los riesgos de inestabilidad de toda la región con el ascenso del abstencionismo y de los votos de extrema derecha antieuropeos en las elecciones pluralistas una de las motivaciones principales de la ampliación con la hipótesis (desgraciadamente dudosa) de que ésta obligará a moderar los riesgos de enfrentamientos. Es de hecho la destrucción de las funciones sociales de los estados y de sus presupuestos, sin un desarrollo prioritario de los objetivos sociales de la construcción europea lo que conduce a una espiral desastrosa fuente de explosiones. Y las poblaciones de la Nueva Europa comparten las preocupaciones de las de la vieja Europa sobre el ascenso de un mundo unipolar y de guerra, sobre el paro y las desigualdades sociales. La esperanza de recibir ayudas para las reestructuraciones y contra el paro (acceso a los fondos estructurales del presupuesto), y principalmente para los jóvenes, de una Europa sin fronteras. Pero la libre circulación no es cierta más que para el capital; para los seres humanos, se enfrenta a los nuevos muros de pobreza, o bien a los peligros crecientes de ser mal acogidos.... En cuanto a las ayudas, se han fundido con las políticas de austeridad presupuestaria que impone la Unión... El distanciamiento entre las poblaciones y sus representantes se ve (rá) cada vez más en el terreno de la construcción europea, porque afecta a las cuestiones centrales de las condiciones de vida y de trabajo. El peligro principal es hoy visible en Polonia: es que la desilusión sobre el contenido de la construcción europea sirva a partidos nacionalistas y xenófobos... La competencia entre los trabajadores, el dumping social y fiscal que intenta atraer los capitales privados a falta de financiamientos públicos- conduce al desastre. Se ve emerger, tanto en Europa del Este como en el seno de la UE 15, la idea de que sería posible tener otros criterios de convergencia que los del Banco central europeo, otros valores que los de la Bolsa para definir el proyecto europeo; la idea también de que las decisiones económicas son opciones de sociedad que deberían derivar de procedimientos democráticos y no de la competición mercantil, con mínimos sociales y objetivos de desarrollo, de pleno empleo y de seguridad social combinados con salarios dignos. Pero es de una Europa diferente en un mundo completamente diferente de lo que se trata. ¿No hay que actuar para ello de forma radical, sobre la base del balance crítico de todas las experiencias pasadas, por una utopía concreta que se forje a partir de los rechazos crecientes del capitalismo realmente existente? Catherine Samary Diciembre 2005. NOTAS: 1/ Cf. la revista Ezmelet i (Conciencia) en Hungría, bajo la dirección de Tamas Kraus y Peter Szigeti, principalmente la edición en inglés de la colección de artículos de 2005; la revista Alternativi en Rusia editada por Alexandre Buzgalin, o también la revista polaca Rewolucija que dirige Zbiegniew Marcin Kowalewski 2/ Leer principalmente a Erzetbet Szalaï, G. Mink y J-C Szurek 3/ Cf. Inprecor (ed. francesa) n° 509 septiembre de 2005, Dossier Pologne une révolution écrasée et trahie, 25 ans après. 4/ Sapir 2002. 5/ Cf. principalmente Eyal, Szelenyi & Townsley, 1998, Making capitalism without capitalists - the new ruling elites in Eastern Europe, Verso, London ; Kornai J. (1990), The road to a free economy - shifting from a socialist country, the example of Hungary, NY London W.W.Norton &Company. Cf. principalmente Eyal, Szelenyi & Townsley, 1998 ; Mink & Szurek, 1999 ; Szalai, 1999 ; Drweski, 2001). 6/ El peso dominante de la agricultura en China es una diferencia mayor en relación a los PECO y a la URSS donde tenía entre el 10% y el 30% del PIB hasta finales de los años 1970. 7/ Brus 1968. 8/ Kornaï (1984). 9/ Maria Jarosz (2000). 10/ Refolutions... referencia. 11/ (Sapir, 1998; Zlotowsi, 1998). 12/ Cf. Banque mondiale, Regional Overview. Challenges, http://Inweb18.worldbank.org et rapport Transition the first ten years. 13/ Los tres criterios oficiales, son un estado de derecho pluralismo político y protección de las minorías; una economía de mercado capaz de funcionar y de soportar la competencia; la incorporación del acervo comunitario. |
A Associação Política Socialista Revolucionária é uma corrente de militantes do Bloco de Esquerda. A associação representa os militantes portugueses da IV Internacional, na continuidade das ideias e actividades do PSR. Vê aqui a cronologia da história da corrente.